martes, 26 de julio de 2011

Abuelos y nietos unidos en un amor mutuo

Abuelos y nietos: un vínculo de amor

La Página LaFamili.info publica un oportuno artículo dedicado especialmente a los abuelos y nietos, que por su interés reproducimos en el Blog, en este Día de los Abuelos.

En los abuelos está representada la historia familiar, son fuente de experiencia y de sabiduría para hijos y nietos. Por eso, resulta justo rendir un reconocimiento especial a estos seres maravillosos en el día en que la Iglesia Católica conmemora la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús.
“En el ritual del matrimonio se retoma una bendición de la Biblia y se les dice a los esposos: `Que sean padres fecundos y de reconocida virtud, y puedan ver a los hijos de sus hijos´. El ver a los `hijos de sus hijos´ forma parte de ese horizonte de plenitud que tiene la vida del hombre. En sus nietos, los abuelos ven la prolongación de la vida que ellos han engendrado. Hay una continuidad que marca el sentido espiritual de la condición humana. Esto tiene mucho que ver, además, con el sentido de la historia y la trasmisión de valores que son propios de la cultura del hombre y la sociedad. Hay un pasado que se hace presencia en la persona de los abuelos. La solidez de la raíz es garantía para el futuro de los hijos; su compañía es, por ello, una riqueza”.*Palabras de Monseñor José María Arancedo – publicado por AICA.
El disfrute del abuelo es la riqueza del nieto
En los abuelos está la representación más pura del amor filial, especialmente en el lazo que se forma con los nietos. Esta es una relación dotada de reciprocidad; ambos se nutren del amor que expresan. Los nietos se convierten en fuente de vida y les enseñan a los abuelos a ver con los ojos de la alegría y la esperanza.
Al mismo tiempo, los nietos experimentan una vivencia única con sus abuelos, es algo así como una amistad pero con alguien que le triplica en edad. Amistad que es posible dadas las condiciones, puesto que no está de por medio la labor educativa que sí pertenece a los padres, de esta manera queda el camino libre para que los abuelos se den el lujo de consentir responsablemente.
Beneficios educativos
Son muchos los beneficios educativos que trae consigo una relación cercana entre abuelos y nietos. Incentivar en los hijos el cariño por sus abuelos, les hará conscientes de lo valiosa que es la familia. Les servirá de ejemplo de vida, de sabiduría y experiencia. De la misma manera, les ayudará a interiorizar valores como el respeto, la solidaridad, la generosidad, entre otros.
Se dice además que una buena relación entre abuelos y nietos, hace que los niños comprendan mejor a sus padres, pues gracias a los abuelos, conocen cómo eran sus padres cuando tenían su misma edad.
Sea pues esta fecha, la perfecta ocasión para resaltar el meritorio papel de los abuelos en las familias, ha de ser una celebración en acción de gracias por su vida, por sus esfuerzos, por sus angustias, por sus preocupaciones, por su amor.
Y como tarea para los padres, está el propender por crear lazos fuertes y armoniosos entre sus hijos y los abuelos, además brindarles un trato en el marco del respeto, de la comprensión y del afecto.
Oración por los abuelos
Señor Jesús, tú naciste de la Virgen María, hija de San Joaquín y Santa Ana.
Mira con amor a los abuelos de todo el mundo. ¡Protégelos! Son una fuente de enriquecimiento para las familias, para la Iglesia y para toda la sociedad.
¡Sosténlos! Que cuando envejezcan sigan siendo para sus familias pilares fuertes de la fe evangélica, custodios de los nobles ideales, hogareños, tesoros vivos de sólidas tradiciones religiosas.
Haz que sean maestros de sabiduría y valentía, que transmitan a las generaciones futuras los frutos de su madura experiencia humana y espiritual.
Señor Jesús, ayuda a las familias y a la sociedad a valorar la presencia y el papel de los abuelos. Que jamás sean ignorados o excluidos, sino que siempre encuentren respeto y amor.
Ayúdales a vivir serenamente y a sentirse acogidos durante todos los años de vida que les concedas.
Amén. (Benedicto XVI).+
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martes, 19 de julio de 2011

Las 7 reglas del diálogo conyugal



El verano es un buen tiempo para que los esposos dialoguen sin prisas. Es verdad que a veces en verano hay ruidos y desorden, pero hay tiempo “perdido” que se puede aprovechar para estrechar lazos, afianzar compromisos, revisar comportamientos, alimentar las ilusiones que nunca se deben perder, mirar los dos al infinito y volver a enamorarse... Que nunca quede al llegar septiembre la sensación de haber perdido el tiempo.

Pero, ¿cómo ha de ser el diálogo conyugal? El P. Nicolás Sckwizer propone estas siete reglas prácticas para que ahora ofrecemos, y que garantizan la renovación en el amor si se siguen de corazón. ¿por qué no hacer la prueba?



Para que el diálogo sea enriquecedor y fecundo, hay que cumplir determinados requisitos. Cada pareja, al poseer una identidad propia, tendrá que encontrar su manera peculiar. Existen, no obstante, determinadas reglas básicas. ¿Cuáles son estas reglas del diálogo conyugal? Se pueden resumir así: el diálogo conyugal, para que sea eficaz y creador, debe ser: humilde, paciente, simpático, cálido, oportuno, constante y renovado.




1. Humilde. La primera cualidad del diálogo es la humildad. No se debe avanzar hacia el otro hinchado por su propia perfección, seguro de lo definitivo de sus razones. No existe el cónyuge ideal, ni tampoco nadie es dueño de toda la verdad. Semejante actitud imposibilita el intercambio desde el origen.

El peligro de todo diálogo conyugal es que, frecuentemente, se vuelva una acusación: se tortura, se ataca, se acusa recíprocamente, y se sale de esta situación más apartado que nunca. Por eso conviene que los esposos, a la hora de iniciar el diálogo, tengan la prudencia de ejercer la autocrítica.

Es algo básico. Hay que tener un gran cuidado -a la hora de las recriminaciones, críticas, preguntas embarazosas- para examinarse a sí mismo y verificar hasta qué punto puede uno mismo ser sujeto de censura. No es tan raro que uno proyecte sus fallas y limitaciones en el otro. Con una actitud de humildad y autocrítica, la conversación se desarrollará en un clima de lucidez, calma y comprensión.

2. Paciente. En un solo día no se conseguirá la comprensión del cónyuge. Como todo, la vida de dos juntos requiere un largo aprendizaje, una permanente educación.

Y toda educación descansa sobre la paciencia. Sabemos que consiste, antes que nada, en repetición incansable, en incesante recomenzar. Así ocurre entre marido y mujer. A veces, será necesario repetir durante toda una vida la misma observación, formular la misma petición.

No es que el otro tenga mala voluntad; sucede que simplemente se le olvida o no logra crear el hábito, que sólo nace con la repetición. Lo importante, pues, es saber repetir con una paciencia que, además, es atributo de la fortaleza. En el caso de la vida matrimonial, esta paciencia es aún más importante, ya que la mayor parte de las veces, están en juego solamente detalles. Pero estas pequeñeces sin importancia, al multiplicarse, se hacen irritantes. La impaciencia crece y amenaza con manifestarse en los momentos de charla. Y es eso lo que hay que evitar. La paciencia dará al diálogo un clima de calma, de serenidad, sin tensiones e irritación.

3. Simpático. Para que el diálogo conyugal sea un instrumento de aproximación, no debe llevarse a cabo en términos agresivos, sino por el contrario, de la forma más simpática. De otro modo, no podrán menos que defenderse y volver a atacar.

En el momento en que los dos se encuentran cara a cara para iniciar un análisis de la situación conyugal, importa mucho el sentirse amado. Los roces inevitables de la vida en común crean, al multiplicarse, una antipatía reprimida que, tarde o temprano, hará explosión. Si triunfa la antipatía por encima de la simpatía, el clima del diálogo se hace denso y llega a sofocar. Y entonces las personas se cierran en seguida, se recogen en sí mismas o se irritan. La conversación se hace entonces imposible, inútil. En tales condiciones se da un extraño diálogo de sordos en el que nadie quiere escuchar a nadie. Sólo la simpatía presente en cada momento, asegura un intercambio fructífero.

4. Cálido. Hay que insistir siempre en que el diálogo sea cálido, porque la frialdad es un peligro que amenaza a todos los cónyuges. Una vez que se han acumulado algunas incomprensiones consecutivas, la irritación contenida se traduce en un marcado enfriamiento de las relaciones de la pareja. No se es propiamente hostil al otro; se es simplemente indiferente a él, con una indiferencia helada. Evidentemente, esto es algo que aumenta la incomunicabilidad y cierra toda salida. No se llegará jamás al encuentro interior en tales condiciones.

5. Oportuno. Es un arte saber escoger lo que debe decirse y lo que debe callarse. El proverbio lo enseña: “No toda verdad es para ser dicha”. Existen algunas que es mejor callar, porque diciéndolas solo lograríamos herir; sin provecho alguno para un mejor entendimiento. Existen silencios que deben ser respetados, secretos que son inviolables. No todo ha de decirse ni tampoco puede preguntarse todo. Para poder escucharse, la pareja debe respetarse, una de las formas de respeto consiste en saber no preguntar o no insistir cuando no conviene; otra forma es no decir al cónyuge una verdad demasiado dolorosa. La discreción, en el sentido profundo de la palabra, es la clave de los diálogos conyugales. Es decir, deben discernir qué puede comunicarse y qué debe callarse, en todos los casos.

Esto se aplica también al momento escogido para manifestarse. La verdad no puede ser dicha en cualquier momento. No habría que hablar jamás cuando se está en determinados estados de espíritu. Por ejemplo, cuando se está dominado por la cólera, los celos, la tristeza profunda o una excepcional euforia.

No son las emociones las que deban animar al diálogo, sino exclusivamente la razón. Se juzgará, a nivel de la inteligencia, no de las pasiones, cuando es el momento oportuno para decir tal o cual verdad, o pedir determinada explicación. Escoger en forma acertada el momento del diálogo es asegurar su éxito.

6. Constante. Tenemos que imprimir un ritmo seguro al diálogo, una periodicidad regular, para evitar que aumenten las incomprensiones y se acumulen los problemas.

Aquí podríamos decir también algunas palabras sobre las interrupciones del diálogo. Pasa todavía bastante frecuentemente que después de una pelea o un enojo suspendemos ese diálogo que tendría que ser permanente, y hasta lo suspendemos por tiempo indefinido. Y después viene la pregunta: ¿quién de los dos inicia de nuevo el diálogo?

Mucho depende del temperamento: el colérico es demasiado orgulloso para iniciarlo él; el melancólico está demasiado hundido por lo que pasó; al flemático probablemente no le importa mucho; el más indicado sería entonces el sanguíneo que no aguanta la situación por mucho tiempo. Ahora, si a mí me preguntan, yo suelo decir: es evidente que el más maduro debe reiniciar el diálogo.




7. Renovado. La constancia en el diálogo exige, en compensación, un esfuerzo de renovación. Porque es necesario, a pesar de todo, tener algo que decirse para poder hablar. Por lo contrario, reinará la monotonía en nuestros diálogos.

Si la esposa sólo sabe hablar de la moda o del servicio doméstico, y por su lado, el marido sólo sabe hablar de negocios o de política, es evidente que la conversación será a la larga aburrida. La palabra está en función del pensamiento. Es urgente, por lo tanto, cultivarlo como un deber. Pero la cultura sería, en el sentido de abrir cada vez más su espíritu y su horizonte con el propósito de aprender a vivir mejor y de saber responder a las preguntas que todo ser inteligente se plantea. Muy actual entonces el tema de nuestras lecturas, de nuestras realizaciones artísticas, de nuestra cultura religiosa...

Fuente: http://www.lafamilia.info/index.php?destino=/Matrimonio/matrimonio.php

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Si os da resultado bueno será que nos lo comuniquéis para que sirva de experiencia y estímulo para los demás. Alguno seguro que ya lo tenéis en práctica hace tiempo. ¿Nos podéis contar como lo habéis conseguido y como os va?

La canción de los esposos:


lunes, 18 de julio de 2011

Fue un bebe abortado, hoy seminarista




 
Nos lo cuenta Sor Emmanuel, una religiosa francesa, conversa  en Medjugorje, que conoció el caso directamente. Merece la pena conocerlo por ser un caso insólito.
Marcia S. es una mujer muy respetada en todo San Francisco. Responsable del grupo de oración más antiguo de la ciudad, es conocida por su gran fe y por el hecho de que las autoridades eclesiásticas locales solicitan su ayuda para ciertas misiones delicadas. La conozco bien y la admiro.
Medjugorje cambió completamente su vida; ahora Marcia ya no puede encontrarse con alguien sin hablarle del extraordinario poder del rosario. Respondiendo a una llamada interior de la Santísima Virgen, ha fundado doce cenáculos alrededor de San Francisco con el objeto de "cer­car" la ciudad y rodearla con la corona real de María, formada por doce estrellas, a fin de devolverle a Dios lo que debería ser de Dios y que infe­lizmente ha caído bajo el poder de las tinieblas. En efecto, de todas las metrópolis del mundo, San Francisco sufre, más que ninguna otra, de un satanismo activo, y la Virgen busca allí instrumentos especiales para vencer al Destructor de sus hijos.
Un día, el desaliento se apodera de Marcia, pues su marido, ya depre­sivo, padece ahora de una ceguera evolutiva que requiere atenciones espe­ciales las 24 horas. Física y psicológicamente agotada, tiene la tentación de anular la velada Oración-Testimonio de Medjugorje que debe dirigir por la noche en una iglesia de la gran bahía: El Santo Redentor, la parroquia de San Francisco donde más víctimas del sida se sienten "tocadas" por el Evangelio. Sabe que la mayoría de sus oyentes serán gays o lesbianas.
También sabe que una gran muchedumbre la espera allí. Solo la idea de sacar el coche del garaje la agobia... ¡Pero a pesar de todo, irá! ¡No puede arriesgarse a dejar unas almas con hambre, porque son vidas las aue están
—Si hay un lugar en el mundo que Satanás tiene bien sujetado es San Francisco. No quiere que la gente oiga hablar allí de la Santísima Virgen o de Medjugorje. ¡Tus palabras abrirán el manto de María y la gente correrá hacia Ella como por racimos enteros! ¡Animo!
Marcia tiene la edad de María al pie de la cruz y habla de Ella como de su mejor amiga o, más bien, de su confidente. La connivencia entre las dos es notoria. Las palabras brotan de su boca con gran ternura y misterio­so poder, y en la asamblea se ven muchos pañuelos salir de los bolsillos...
La velada termina y un hombre joven, visiblemente emocionado, se dirige hacia Marcia para contarle lo que acaba de experimentar mientras ella mostraba el vídeo sobre Medjugorje. Unas lágrimas fluyen suavemente de sus ojos:
—Fui un bebé abortado —le dice él—. ¿En qué condiciones nací? No lo sé, pero, todavía con vida, me tiraron a un cubo de basura en el aparcamiento de un hospital. Yo lloraba con todas mis fuerzas y un hombre que pasaba por allí oyó mis alaridos. Aterrorizado, trataba de descubrir de dónde venían los gritos, cuando al fin levantó la tapa del cubo. Yo estaba cubierto de sangre, pero muy vivo. El hombre me llevó a su casa envolvién­dome lo mejor que pudo, y me cuidó durante algunos días. Luego decidió quedarse conmigo y criarme, e hizo una solicitud de adopción que le fue concedida.
Crecí con él y con sus amigos, todos homosexuales, bajo un mismo techo. Siendo bebé y durante toda mi infancia, nunca fui tocado, cambia­do, alimentado o ni siquiera besado por una mujer. Nunca conocí el cariño de una mujer. No supe lo que era tener una madre. Me crié en ese ambien­te y en mi adolescencia, naturalmente, me volví homosexual. ¡Lo normal!
Hace algunos años, comencé a descubrir el Evangelio a través de unos miembros de la Iglesia Episcopal. Me invitaron a unirme a ellos y un día tomé la decisión de ser sacerdote en esa iglesia.
El día de mi ordenación, yo estaba de pie con otros candidatos, listo para caminar hacia el altar para recibir el orden sagrado. Pero todos avan­zaron menos yo, porque, muy a mi pesar, me quedé prácticamente clavado al suelo. Parecía como si unos brazos me detuvieran, me impidieran dar un paso hacia adelante. No fui ordenado, y desde entonces siempre me he preguntado por qué yo no me había adelantado con los demás, qué era lo que me había retenido así.
Esta noche, al ver el vídeo, me he quedado realmente conmovido. Mientras mirábamos a esos jóvenes en éxtasis, he sentido claramente unos brazos femeninos rodearme con amor, un amor indescriptible. Una mujer estaba detrás de mí, de esto estoy convencido. Cautivado por el vídeo del cual no podía desprender los ojos, sentí nuevamente ese abrazo. ¡Era algo tan fuerte que apenas podía soportarlo! ¡Creí morir de felicidad! Todo mi cuerpo temblaba. Yo lloraba y lloraba. El calor y el amor de ese abrazo eran tales que literalmente me derretí. Me giré para ver quién era, ¡pero no había nadie detrás de mí! Oí entonces una voz femenina que me decía: "Dan, yo te amo y tú eres mío". Por primera vez en mi vida sentía unos brazos de mujer estrecharme. ¡Había encontrado a mi madre! Compren­dí entonces en un instante por qué no había podido seguir adelante con la ordenación... ¡Había sido Ella! Ella me lo había impedido, porque la homosexualidad no es de Dios, y yo debía primero abandonar esas prácti­cas, arrepentirme de ellas...
Marcia escuchaba el relato de Dan con el mismo corazón que si se tratara de su propio hijo. A duras penas contenía ella también sus lágri­mas. Comprendió entonces por qué había tenido que hacer el esfuerzo de ir allí esa noche. "Este niño ha sido una víctima incluso antes de salir de las entrañas de su madre", pensó. Una víctima de nuestra sociedad. Y fue suficiente hablar de las apariciones de María en Medjugorje para que fuera liberado del plan que Satanás tenía para su vida...
—Marcia, ¿qué debo hacer para volverme católico? —le pregunta
Dan.
Hoy en día, San Francisco cuenta con un católico más y el manto de la Gospa  (la Madre) con un habitante más. ¡Y no cualquiera! A este, María lo esperaba desde hacía mucho tiempo, desde que estaba en el cubo de basura. Sí, Ella lo esperaba para abrazarlo, para apretarlo finalmente contra su corazón de madre... Y con sobrados motivos, puesto que Dan está camino del sacer­docio.

Fuente: "Medjugorje: El triundo del corazón" de Sor Emmanuel. Ed. Hijos de Medjugorje.