sábado, 30 de junio de 2012

LA FAMILIA PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD


FORO CULTURAL
“DIVINA MISERICORDIA”
Mar Menor
Una puerta abierta a la formación cristiana sobre el
MATRIMONIO Y LA FAMILIA
Sesión inaugural el 27 de Julio a las 9 de la noche
Lugar: Residencia de Religiosas Franciscanas de la Purísima en Lo Pagán
Orden de intervenciones:
Presentación del Foro Cultural y de la Conferenciante
      +  D. Juan García Inza, Juez Diocesano del Tribunal Eclesiástico de la Diócesis de Cartagena.
Conferencia:
      +  Dª Ana García-Pagán Zamora, Letrada matrimonialista del Tribunal de la Rota de Madrid, y del Tribunal Eclesiástico de la Diócesis de Cartagena.
         Tema de la Conferencia:
LA FAMILIA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
Al finalizar la Conferencia habrá un tiempo de coloquio sobre el tema, en el que pueden intervenir los asistentes. 

domingo, 17 de junio de 2012

CARTA A LA HUMANIDAD QUE SUFRE: A MI AMIGO JOSÉ Actualizado 14 junio 2012 Cartas a la humanidad doliente: a mi amigo José En esta humanidad que componemos entre todos, hay un abanico de situaciones en las que estamos encuadrados. Los hay que parece no tener problemas y viven a lo grande. Y a un sector muy amplio, yo diría que la mayoría, le toca llevar sobre sus hombros la cruz más dolorosa. En este amplio grupo están los enfermos, los que perdieron la salud y se debaten en situaciones duras. Y uno cae en la cuenta de ello cuando el sufrimiento se instala en tu vida, te pasa rozando, o sencillamente compartes por caridad el dolor junto a la cama de un enfermo, en su casa o en un hospital. Y es ahí donde la vida muestra su verdadera cara. Quiero dedicar una serie de cartas a estos hermanos nuestros que navegan un poco escorados por ese mar de la vida diaria, y que sólo piden la limosna de una palabra de aliento, una sonrisa sincera, un soplo de aire para mantener el rumbo y llegar a buen puerto Y hoy le escribo esta carta a José, un enfermo que conocí hace años y que me dio la gran lección de cómo hay que santificar el dolor. Amigo José: Hace tiempo que no sé nada de ti. Mi corazón me sugiere que estás en el cielo. Y es que si tú no estás en el cielo nadie puede ir a él. Recuerdo los ratos que pasábamos cuando te llevaba la Comunión. Hablábamos, rezábamos, nos reíamos… Cuando pienso en ti lo primero que se me presenta con nitidez es tu sonrisa. Una sonrisa permanente que llenaba toda tu cara, y envolvía la habitación con un aroma cargado de frescura. Estabas ya un tiempo en una silla de ruedas, y podías salir de tu habitación. Pero tu cuerpo cada vez iba perdiendo energía, fuerza para moverte, y te fuiste quedando empotrado en la cama que llenaba el rincón de aquella pequeña habitación. Muchos ratos de soledad humana, que no divina, te hacían comprender mejor el valor de la amistad. No se oían ruidos en tu habitación, y me decías que estabas esperando que fuera el medio día para escuchar las voces de los chicos que salían del Instituto para ir a sus casas, y pasaban bajo tu ventana hablando con la jovialidad propia de los años. Te enterabas de algunas cosas, y los encomendabas a Dios. Tu familia hacía lo que podía en los ratos libres que les dejaba el trabajo. Algunos amigos, de aquel grupo parroquial, iban de vez en cuando a verte. Y tú me lo contabas todo cuando te visitaba, con un gozo que solo tienen las almas llenas de Dios. La enfermedad fue avanzando, y un día me diste la noticia de que debían amputarte un pié debido a los estragos de la diabetes. Fue muy doloroso aquel trance, pero me decías que se puede vivir bien con un solo pié. Lo que pasó es que al cabo de poco tiempo también te amputaron el otro pié. ¡Qué pena daba verte! Pero tú decías sonriendo que con los muñones podías valerte en la cama. Recibías la Comunión con hambre de Dios. Confesabas casi sin pecados. Orabas a todas horas. Y seguías esperando el medio día para escuchar las alegres conversaciones de los jóvenes que pasaban cerca de tu ventana camino de sus casas. Pensé muchas veces que el mundo y la Iglesia alimentan su esperanza con gente como tú, que saben sufrir con amor. Y a mí me daba un poco de envidia tanta fe. Y pensaba que nos quejamos por casi nada, de vicio, sin pensar en los que sufren casi todo sin hacer ruido. Tengo que decirte que hiciste mucho bien a mi vida sacerdotal. Pensé que vale la pena ofrecerse a Dios para poder atender a personas como tú. Y es que los enfermos sois, junto con la Eucaristía, el gran tesoro que tiene la Iglesia. Te fuiste deteriorando, pero un día yo me marché a otro lugar y ya no supe nada de ti. Estoy seguro que estás con Dios. Esta carta es de agradecimiento y de súplica: pide al Señor y a la Virgen que los humanos tengamos corazón y podamos sintonizar con los que os ha tocado la parte dura de la vida. Estoy seguro que la humanidad sería más feliz si contemplara como sufren personas como tú, dando el aliento que os queda, sigilosamente, para que los demás podamos vivir en paz. Amigo José, estoy seguro que allí donde te encuentres, tu alma, ya sin necesidad de pies y manos, estará corriendo buscando a quien poder llevar un poco de alivio con tu sonrisa. Pide por nosotros. Pide por esos jóvenes que siguen pasando por debajo de tu ventana camino de sus casas, para que no pierdan la alegría de vivir con Dios. Que esta humanidad nuestra descubra el verdadero secreto de la felicidad, escondido en corazones como el tuyo que aprendieron la lección del amor directamente de un Dios presente en sus vidas. El pequeño espacio de tu habitación se convirtió, como ocurre en tantos lugares de sufrimiento, en una enorme aula espiritual desde donde se impartía, y se sigue impartiendo, la sublime asignatura del viacrucis de la luz y la alegría. Un saludo, y hasta cada día en el Señor. Juan García Inza

domingo, 3 de junio de 2012

martes, 10 de enero de 2012

UN AÑO NUEVO PARA LA FAMILIA


Actualizado 10 enero 2012



Un nuevo año para la familia
Un nuevo año para pensar en la familia, pilar maestro de la sociedad y de la Iglesia. Salvar a la familia es salvar al hombre que nace de ella. Todo lo que hagamos por la familia es poco, y mas en estos tiempos en que el núcleo familiar está sufriendo embates por todos los costados. Me ha gustado este breve artículo del P. Mariano de Blas, y que ofrezco a los lectores:

Ya han pasado las festividades de Navidad y fin de año, y es el momento de volver a recomenzar la vida normal con nuevos ánimos. Para eso es conveniente asumirlo con espíritu positivo, con la convicción que será un año muy bueno. Presentamos algunos consejos para asumir con una actitud positiva el año que inicia.


Cada año que comienza es un inmenso regalo, un ciclo nuevo por recorrer, pero también es una oportunidad más para ser mejores personas, para transformar la vida, el hogar, la familia, el trabajo... Por eso es importante empezar bien, esto quiere decir con toda la disposición, el ánimo y la actitud, que permitirán no sólo un buen inicio, sino un buen final.

De este modo, vemos que la actitud es definitiva para que las situaciones sigan un determinado cauce. Pero, ¿qué significa tener una gran actitud positiva? Probablemente conozca la antigua expresión que una persona positiva ve un vaso medio lleno en lugar de medio vacío; en ella se resume todo. Por eso en este principio de año, es importante levantarse cada día con los mejores pensamientos, teniendo unas metas claras y una seguridad interior que ayudarán a sortear las dificultades del día a día.

Beneficios de vivir con actitud positiva

Vale la pena revisar algunas de las cualidades que se adquieren por el hecho de tomar el positivismo como eje de la vida:

Confianza en sí mismo: Herb True dijo:"Muchas personas tienen éxito cuando otros no creen en ellas. Pero muy rara vez una persona que no cree en sí misma alcanza el éxito". La primera característica de una persona con una buena actitud positiva es que piensa positivamente en su valor personal. Su imagen positiva es el pasaporte para el éxito en la vida.
Disposición para ver lo mejor en los demás: todos tenemos expectativas de los demás. Pero podemos decidir si las expectativas serán positivas o negativas. Si hay un trato positivo hacia las otras personas, la tendencia es que nos traten de la misma manera.
Capacidad para ver oportunidades: el filósofo griego Plutarco, escribió: "Como las abejas extraen miel del tomillo, la más fuerte y seca de las hierbas, los hombres sensibles suelen sacar ventaja y provecho de las circunstancias más extrañas". Las personas con actitud positiva ven oportunidades en todo lugar.
Enfoque en las soluciones: casi todas las personas pueden ver los problemas. Para ello no se requiere nada especial. La persona con actitud positiva tiene su mente puesta en las soluciones, ve una solución ante cada problema y una posibilidad en cada imposibilidad. Louis D. Brandeis, en honor a quien se puso nombre a la Universidad Brandeis, dijo una vez: "En este mundo, la mayoría de las cosas dignas de hacerse habían sido declaradas imposibles antes de que fueran hechas".
Deseo de dar: Karl Menninger dijo, "Rara vez la gente generosa es gente mentalmente enferma". Y es raro que sea gente negativa. Dar es el más elevado nivel de vida. Mientras más da la persona, mejor su actitud. La diferencia no está en lo que se tiene, sino en lo que se hace con lo que tiene.
Persistencia: los sueños que se han hecho realidad son el resultado de personas que se aferraron a sus ambiciones. Se negaron a desanimarse. No permitieron que el desaliento les pusiera la mano encima. Los desafíos sólo los estimularon a un mayor esfuerzo. Cuando se tiene una actitud positiva, es más fácil ser persistente.


Responsabilidad por sus vidas: una persona de éxito entiende que nada positivo ocurre si no está dispuesto a dar un paso adelante y asumir plena responsabilidad por sus pensamientos y acciones. Sólo cuando se es responsable por sí mismo puede mirarse con honestidad, evaluar los puntos fuertes y débiles, y comenzar a cambiar.
Para cerrar, esta frase:“Todos desean a los demás y a sí mismos un buen año, pero pocos luchan por obtenerlo”. *P. Mariano de Blas.

Fuentes: enbuenasmanos.com, catholic.net

Juan García Inza
juan.garciainza@gmail.com