domingo, 12 de septiembre de 2010


(RV/InfoCatólica) La Iglesia, afirmó Benedicto XVI, acompaña a los nuevos obispos con gran esperanza, con la oración y con afecto. El Papa aseguró que él también acompaña a los pastores que han sido llamados hace poco tiempo al ministerio episcopal en todo el mundo:
“Yo también quiero aseguraros mi cercanía espiritual en vuestro servicio cotidiano al Evangelio. Conozco los desafíos que debéis afrontar, especialmente en las comunidades cristianas que viven su propia fe en contextos no fáciles, donde, además de varias formas de pobreza, se verifican algunas veces formas de persecución a causa de la propia fe cristiana. A vosotros os corresponde la tarea de alimentar sus esperanzas, de compartir sus dificultades, inspirándoos en la caridad de Cristo, que consiste en la atención, ternura, compasión, acogida, disponibilidad e interés en lo que respecta a los problemas de la gente, dispuestos a entregar la vida”.
Recordando que están sostenidos por el Espíritu Santo y que el ministerio episcopal se comprende sólo a partir de Cristo, sumo y eterno Sacerdote, Benedicto XVI evoco ante los obispos la Exhortación Apostólica Pastores gregis, del Siervo de Dios Juan Pablo II e hizo hincapié en que el Obispo “se esforzará en adoptar un estilo de vida que imite la kénosis de Cristo siervo, pobre y humilde, de manera que el ejercicio de su ministerio pastoral sea un reflejo coherente de Jesús, Siervo de Dios, y lo lleve a ser, como Él, cercano a todos, desde el más grande al más pequeño”.
Pero para imitar a Cristo hay que dedicar tiempo para estar “con Él”, en la oración y la contemplación:
“La vida del Obispo debe ser una oblación continua a Dios por la salvación de su Iglesia y, en especial, por la salvación de las almas que le han sido confiadas. Esta oblación pastoral constituye también la verdadera dignidad del Obispo: que deriva del ser siervo de todos, hasta dar la propia vida. El episcopado, en efecto – al igual que el presbiterado – nunca se debe malinterpretar siguiendo categorías mundanas. Es servicio de amor. El Obispo está llamado a servir a la Iglesia con el estilo del Dios hecho hombre, siendo cada vez más plenamente siervo del Señor y siervo de la humanidad. Es sobre todo servidor y ministro de la Palabra de Dios”.
Por último, el Santo Padre recordó a los obispos que el evangelio puede mostrar toda su potencia salvífica, en especial en las comunidades que se viven en situaciones de frontera religiosa, antropológica y social, siendo incluso su presencia minoritaria:
“No debéis ceder al pesimismo y desaliento, porque es el Espíritu Santo el que guía a la Iglesia y le da – con su soplo poderoso – la valentía de perseverar y de buscar nuevos métodos de evangelización, para alcanzar ámbitos hasta ahora inexplorados. La verdad cristiana es atrayente y persuasiva precisamente porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana, anunciando de forma convincente que Cristo es el único Salvador de todo el hombre y de todos los hombres. Este anuncio sigue siendo válido hoy así como lo fue al comienzo del cristianismo, cuando se obró la primera gran expansión misionera del Evangelio. Queridos Hermanos en el Episcopado, es en la potencia del Espíritu Santo que tenéis la sabiduría y la fortaleza para lograr que vuestras Iglesias testimonien la salvación y la paz”

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